5.01.2014

TEMÍ POR OTROS SIN CUIDAR POR MI

9.30.2013

EXTRAÑOS CONOCIDOS

A veces, nos confundimos
Pensamos que es una competencia
Para ver quien lastima mas al otro
Y lo hacemos tan bien
Que ganamos y perdemos en viceversa

Has convertirnos en extraños conocidos

A veces, nos descuidamos
sin dejarse estar nos espiamos
 Para ver quien esta mejor sin el otro
Nos extrañamos de lo que somos capaces hasta tal punto de convertirnos en
Extraños conocidos

En una extraña dependencia nos desconocemos y todo lo que quedo atrás
Sin querer lo olvidamos para poder  vernos cada vez más lejos
 si nos hubiésemos querido al unisonó pudo haber sido una armonía mágico
En cambio, la ola esta ondulando en tiempos disfrazados
Y ya no se que somos más que nada
Y la tristeza de eso no es sana
Porque la grandeza de lo que fue
 no puede ser ignorada
… y lo que duele es que perdiéndote me perdí yo

Y sin ser no me reconoces y a mi me cuesta encontrarte.

9.26.2013

Cuando no estuvimos mas juntos,
Cuando me dijiste que ya no estabas mas enamorada,
empece a revisarme y a ponerme en duda.

Ya no estuviste ahí conmigo y yo tampoco
Entonces empece a viajar adentro, a meter agua en el tanque hasta que rebalse todo lo malo
Ahora, trato de no callarme y por lo menos de ver los porques. Me sirvió.

Nos lastimamos sin querer y sin querer no nos hacemos bien.
Busco la sabiduría en los demás y en las palabras que me ayudan y me iluminan, aunque mucho esta impregnado de vos, para bien y para mal, todavía estas y no. Sigo queriéndote hacerte bien estando bien yo y viceversa, que vos seas vos haciéndome bien. Busco ser claro, no hacer poesía.
Busco lo que me despierte y lo que me muestro quien soy para seguir encontrándome y que los que me rodean, vean lo mejor de mi. Me estoy haciendo amigo en la distancia espacial. No estuve conmigo mucho tiempo y me había perdido. Todo se trataba de escapar, trabajar para escapar, trabajar de escapar con los que escapan, escapar por escapar.  Busco que me entiendan y entenderme, dando razón y amor, como lo hacen tantos de verdad. Yo tambien quiero ser la verdad.

Lastimarme aprendiendo si es que tiene que ser pero incorporar a no hacerlo.
Enfrentarme a los miedos y apaciguarlos mostrandome y viendolos para saber de donde vienen y verles la belleza.
Encontrar a alguien cada tanto y que nos enseñemos como somos.
Diifrutar la vida, hablar de eso y de como hacerlo. Sobretodo, expresarme en el tiempo que me lleve la vida. Ir por donde sienta, sintiendo los procesos naturales que nos vitalizan y pensando en eso. Eso es lo que vale. Eso es lo que somos. Lo que soy, ahi esta el origen mismo de cada uno, ahi se vislumbra y en cada viaje a verlo se adquiere una nocion propia, asi es uno, asi son los demás en una especie de demagogia innevitable.

9.13.2013

Antes:
No salgo, me recluyo
soy mi prision, me encierro
la inocencia se fue hace tiempo
con la mentalidad de un chico sin serlo de cuerpo

Ahora:
Trato de ganarle al tiempo
no darme por vencido, dormir lo menos posible, aunque quisiera hacerlo mucho mas
El futuro se ve más esperanzador.

9.02.2013

No te di todo
No te di nada
Te di poco
Porque cuando di todo, me dolió.

Ahora, quisiera haberlo hecho porque es lo que quiero y no tengo.

8.26.2013

Buen día, mi amor

Buen día, mi amor.

Hoy, peinabas y preparabas a Tomás y ponele que Santiago, en la sala de la cocina, para ir al cole. Es un día soleado y la luz hace todo el cuarto casi blanco.
Yo miro con una sonrisa, mientras tomo un café y el diario en la mano.
Vos esas divina con tu pelo recortado, aros y los labios pintados de ese rojo que antes no me gustaba y ahora me quedo tan marcado.
Yo estoy un poco mas pelado, un poco más gordo no envejecí tan mal para la mediana edad. Además, estoy contento. Además, estamos juntos. Vos te estas por ir al estudio, yo a media mañana me tengo  que poner a escribir, grabar y editar.
Cuando ya se van, voy hasta donde estas y te digo: "A la noche, queres ir a comer a algún lado?"
y vos me contestas: "Dale".
Entonces, se que va a ser un buen día.

8.12.2013



Fueron dos, volvió uno. Destrozado. Aguantando las lagrimas que le ganan.
Pensando en una carta demoledora
Comprando una vida juntos y todo cuadra salvo por la posibilidad  de la negación.
Se cansó de verla ir, quiere que se quede o irse con ella.
Tener hijos y formar una familia, porque le gusta todo de ella.
Quiere a alguien como ella, pero como no hay otra, la quiere a ella.
La ama pero es muy estúpido para decirlo. Pero esta convencido y no tiene problema en decirlo, pero no quiere arruinar el momento, que son pocos.
El musculo se estira como queriéndose abrir. Explota en llanto. Y bronca,  e impotencia. Es el vértice de la aceptación que es bilateral. La carta no salé pero si una sucesión de hechos escrita casi en forma de poesía honesta.


Fueron dos, volvió uno. Destrozado. Aguantando las lagrimas que le ganan.
Pensando en una carta demoledora
Comprando una vida juntos y todo cuadra salvo por la posibilidad  de la negación.
Se cansó de verla ir, quiere que se quede o irse con ella.
Tener hijos y formar una familia, porque le gusta todo de ella.
Quiere a alguien como ella, pero como no hay otra, la quiere a ella.
La ama pero es muy estúpido para decirlo. Pero esta convencido y no tiene problema en decirlo, pero no quiere arruinar el momento, que son pocos.
El musculo se estira como queriéndose abrir. Explota en llanto. Y bronca,  e impotencia. Es el vértice de la aceptación que es bilateral. La carta no salé pero si una sucesión de hechos escrita casi en forma de poesía honesta.

7.29.2013

De vuelta



La vuelta
Los nuevos viejos tiempos están volviendo
Todo puede pasar porque ya no es como antes
Puede ser que salga a tocar por la birra y el mani
Solamente
Nuevas ideas
Nuevos caminos
Con la experiencia adquirida

2.18.2013

me voy a ir con mis sueños por ahi...

1.09.2013

Anecdota de visperas, abuela rockera

CONTEXTO: 31-12-2012. Media tarde. Llego del laburo con una caja de "navidad" que tenía un vino impresentable y una cidra de marca dudosa. (Nos juntabamos a comer en lo de una tía).

Tengo un vino impresentable y una sidra que no da para llevar- le digo a mi abuela- Decis que vaya a comprar algo para llevar?

En año nuevo se toma vino, sidra, champagne o lo que venga...- Me contestó.

REFLEXIÖN: Yo creo que fue su forma de decir "Escavía, puto". Una grande, mi nona.

12.16.2012

no encuentro cancion que exprese lo que siento, quizas sea una nueva, pero todavia tiene que pasar mucho tiempo, ver que pasa o hacer que pase. Con muchas dudas y culpas...

12.15.2012

en la soledad, toda sospecha es una linterna de luz negra, puede ser tu guía o tu engaño.

12.12.2012

La policia corrupta; defendiendo los crimenes rentable; algunos no, debieran intentar cambiar la institución, quizas no puedan solos pero si fueran las suficientes seguramente que si. Sino debieran abandonar la institución que no los representa.

Grupos politicos politizando tomando protagonismo en situaciones que  les pertenecen a varios, como manifestaciones honestas, y empañandolas. Enfrentamientos naturales y pautados con los uniformados. La confusión y la violencia, también son parte del negocio.

Mucha gente tomando la justicia en mano propia. Mucha gente en la justicia viendo como llenarse las manos.

Los medios buscando lo que vende. Nosotros consumiendo.

Muchos falsos Che Guevaras. Ningún Gandhi a la vista. Si apareciese duraría poco pero con apreciarlo cambiarian las cosas. En estos tiempos, no es facil, en otros, tampoco.

Y yo que me comunico sin tener una respuesta pero no lo puedo aguantar...
disfrutar de lo que pueda, mientras pueda.

12.10.2012

El Espectador

El arte esta en la apreciación del espectador.
Siempre hay, al menos, un espectador. Aunque sea uno mismo.
Hay quienes le dicen fe, creer en lo que se hace, imaginar lo que será.



11.10.2012

Espiritus Urbanos



Espíritus Urbanos
Con percepción de cierre

El despertar de un hombre normal
Él era de los que ningún traje le quedaba bien. Un irrespetuoso de lo monetario pero adeudado en imposiciones  sociales en las cuales invertir. La casa; el auto; la ropa; la educación paga; una obra social decente y una lista interminable. Antes de empezar a vivir, ya debía la vida. Estaba en la edad en que no se es muy viejo para rendirse, pero, tampoco, muy joven como para no empezar a hacer algo al respecto. Trabajaba  en el centro de una ciudad como tantas otras, en una de esas oficinas genéricas, con cubículos, uno al lado del otro. Todos los días, iba a trabajar pensando y repensando una solución para las discusiones con su pareja, para la falta de pasión de su profesión y para dilema de tratar de ser especial o morir en el intento. Una solución para los problemas existenciales. Su nombre era Damián. 

Cierta vez, Damián vio una película sobre la vida de un artista que le despertó la noción de que quería. Eso era estar inspirado y buscar estar inspirado. Así como así. Tan simple y tan difícil de seguir. No era la primera vez que esa idea se le pasaba por la cabeza pero aquel fue el momento exacto para ponerlo en práctica. Damián tuvo, lo que se dice: una epifanía. Le llegó a través de un medio impensado en un momento de crisis, como suele ser. Pensó y meditó en cómo podía aplicar su visión a su vida cotidiana. Escaparse de su realidad no era una posibilidad inmediata, así que el cambio empezó desde sus adentros. Se tomó las cosas con más calma, puso en perspectiva sus prioridades con la valentía suficiente para respetarlas. La belleza de lo que lo deseaba se le fue presentando y así se le hacía más fácil reconocerlas. Lo que repudiaba, también, se le presentaba como contrario. Pronto toda su personalidad estaba enfocada en esta nueva búsqueda. Fue alterando su entorno personal. 

Siempre tenía a mano un cuaderno para escribir y dibujar. Cada vez que lo sentía, le dedicaba un tiempo para rellenarlo. Su creatividad se encontraba a flor de piel. Escribía poesías, historias, novelas, ideas y, también, dibujaba. Con la práctica, perfeccionó un estilo propio. Creó una historieta de su jefe protagonizando a un anti-héroe pedófilo involucrándose en un sin fin de aventuras a raíz de su condición. Contaba con sorprendentes ilustraciones combinada con  una trama atrapante y delirante. La  publicación tenía un costo de producción, el cual diremos que era un 1/6 del sueldo de Damián destinado a un diseño novedoso, buen papel y materiales para los dibujos de muy buen nivel.
La demanda en su entorno laboral lo impulsó a que  la edición sea mensual, con la entrega de un original en el baño. Ese mismo día, era fotocopiado por un empleado que tuviese acceso ilimitado a la fotocopiadora, y las diversas copias eran repartidas a los demás. Aunque la publicación era anónima aunque todos sabían quién era el autor. Cada edición era esperada por todos. El convertirse en el tema de conversación clandestino, a Damián le otorgaba un deje de interés al tener que seguir en el trabajo.

Fuera de esta actividad semi-programada, también, incursionaba en otras formas más aleatorias de alterar su entorno laboral, como es el ejemplo de aquella vez que inauguró una siesta involuntaria en el ámbito laboral poniendo una dosis suficiente de somníferos en el expendedor de agua y en la máquina de café. El paisaje era hermoso. Pesadez en los ojos. Cabezazos. Chequeos de que nadie alrededor lo notase. Paulatinamente, todos se iban rindiendo al efecto. Para no ser descubierto por las cámaras, no es que le importaba pero era parte del juego, fingió haber sido afectado, también, y se les unió, voluntariamente.
Ya no le importaban los horarios estrictos, las ordenes, ni los uniformes. Iba al trabajo cuando tenía ganas. Cada vez le molestaba más la gente que le decía lo que tenía que hacer, como si ellos tuviesen más razón que él. Los evitaba cada vez que podía. Cuando ya no tuvo más sentido, simplemente, dejó de ir a las oficinas. Su traje, se lo dio a un vagabundo tirado,  quien le daría más uso que él, por lo menos, para taparse en las frías noches. En él trabajó, todavía lo esperan.


El Caminante
Después de abandonar su trabajo, Damián, se dedicó a ser un caminante. Un caminante observador. Un caminante que obsequiaba una experiencia. Puesto en sus propias palabras, brindaba una experiencia “reveladora”;  creando una acción inusual, un tanto perturbadora, cambiando el curso de un día habitual a uno memorable, generando el espacio para considerar lo que es realmente importante.
Sus métodos poco ortodoxos pueden ser ejemplificados de la siguiente manera: Con una brocha untada en pintura roja marcaba a quienes le pasaban tan cerca como para no darse cuenta. Con un espray que contenía esencias acceto y aceite y hierbas, condimentaba las vestimentas de los transeúntes. Había que admitir que el aroma no era para nada desagradable, sino todo lo contrario. Lo que no descartaba que llamase la atención de quienes estaban a los alrededores de la persona hasta el punto de incomodarla por tanta atención a su servicio, quizás antes de darse cuenta de la razón de porque la capta. Todo para que dicha persona salga de lo habitual, y de tener suerte poder llegar, mediante la asociación de ideas y la distracción de las actividades rutinarias, a darse cuenta que no importa lo que piensen los demás de uno, sino vivir lo que vale la pena.
Nunca daba las indicaciones correctas para llegar a una dirección e inventaba horarios a quienes decidían preguntarle. Generalmente, elegía a los que más preocupados se los veía, los identificaba por los gestos en sus rostros, después se dedicaba a imaginarse las secuencias. Estos eran algunos de los chascarrillos que lo entretenían. Todo para que dicha persona se salga de lo habitual, y si tiene suerte puede llegar, mediante la asociación de ideas y la distracción de las actividades rutinarias, a darse cuenta que no importa lo que piensen los demás de uno, sino vivir lo que vale la pena. Para Damián, esto podía pasar mientras uno se cambia el traje, estarse bañando para erradicar el aroma a ensalada caesar de si mismo o oxigenar el cerebro mediante una caminata forzada.
También, dedicaba tiempo para si mismo, era cuando aprovechaba para visitar lugares y hacer turismo interno en su propia ciudad. Iba a muestras, presenciaba las obras de teatro callejeras, permanecía largas horas en lugares tranquilos como bibliotecas o parques, realizaba largas caminatas a lugares que siempre quiso conocer, contemplaba los monumentos y edificios imponentes. Nunca dejo de escribir y dibujar en su cuaderno. A medida que los completaba lo dejaba en ese preciso lugar donde se habían terminado las hojas o hasta el mas mínimo lugar para manchar con tinta. Pero lo que más disfrutaba de hacer era observar. Observaba a la gente, sus actitudes y sus actividades en la gran ciudad. Observaba los transportes, las actividades, las trampas y las buenas acciones. Aprendió de sus movimientos y sus formas de manifestarse, y los reconocía y hasta los podía predecir, solo con observar. Para él, era como si estuviese construyendo su nuevo ser a su merced. Estos experimentos se fueron haciendo más frecuentes y más variados, hasta cambiarlo desde lo más profundo.
Ya a esta altura, casi nunca volvía a esas paredes que alguna vez fueron su “casa”. Paulatinamente, lo fue creyendo menos necesario. Se encontró con la noción que todo es una ilusión, la vivienda, también. Solo volvía para ver a su pareja más que nada como un vistazo a su antigua vida para compararla con su ahora. Una forma de ver el pasado y el presente al mismo tiempo. La que fue alguna vez su acompañante de vida no llego a entenderlo y la separación no fue pautada, sino que fue estirándose, hasta que ya no tuvo más sentido que se sigan viendo, porque ya eran como extraños el uno para el otro.
De la acción a la expansión
Damián solía frecuentar los mismos lugares para descansar, meditar y, simplemente, estar. Había quienes lo reconocían y se le acercaban, porque tanto su actitud como su aspecto llamaban la atención. El los miraba y hablaba cuando era extremadamente necesario. Esto a veces generaba descontento o los alejaba, al sentirse ignorados. Lo cual, no era del todo cierto, Damián no los ignoraba, sino que todo lo contrario les prestaba suma atención pero su modo era difícil de entender. Este guiño de la diosa Ironía, lo ponía muy alegre en sus adentros, una vez que supo como disfrutarlo.
En todo este tiempo, Damián conoció a otros como él. Algunos por breves momentos. Otros más seguido. Disfrutaba de su compañía, podría ser porque compartían el estado, tal es así que se encariño con ellos. Eran Roque, Germán, Lautaro y Romina los que permanecieron un tiempo sustancial.
Juntos  fueron mejorando  e innovando las técnicas de las actividades; Una obra de teatro en un vagón de tren; dar a conocer domicilios de rockstars, políticos, y estrellas de cine o los respectivos hoteles donde se hospedaban junto con los pseudónimos bajo los cuales se registraban; un show  de fuegos artificiales en un cementerio; invasiones a propiedades privadas de lujo con re decoración alternativa sin costo alguno; proyecciones de dibujos animados sobre edificios públicos; hurto a bibliotecas y librerías elitistas y fundación de bibliotecas públicas al aire libre;  la inserción de billetes con falsos próceres caricaturizados dejándolos en espacios públicos, contando con que aquellos distraídos por la ambición los inserten en el sistema monetario; manifestaciones coloridas con pinturas, brillantinas y música, como los carnavales, en una avenida principal, que resultaban empañadas con gases lacrimógenos, y los tambores eran tapados por una  mezcla de balas de goma y plomo.
Los recursos para realizar estas tareas salían del esfuerzo y la voluntad de los interesados, que se les unían de forma permanente o según el objetivo. Las autoridades oficiales les prestaban atención pero sin darle demasiada importancia. Ofuscaban cuando sentían la presión o cuando estaban confundidos. Enfrentárseles era demasiado riesgo para sus carreras políticas.  Reconocían que al darles atención estarían en el ojo del huracán.
Otras formas
No todas las acciones de Damián y sus “secuaces” eran radicales. También, tenían sumo interés en aumentar la espiritualidad. Creían que llegaba a través de la búsqueda de energía y saber aprovecharla. Pasaban un tiempo incalculable, meditando, charlando e intercambiando ideas. Ni si quiera sabían bien porque lo hacían pero les hacía bien.  Emprendían largas caminatas, como peregrinaciones sin rumbo predeterminado ni auspicio de alguna causa. Solamente, por el amor a la actividad física, porque sabían que les brindaba nuevas formas de ver y un gran flujo de energía. Además, para conocer lo les rodeaba, no había mejor forma que hacerlo a pie.
Muchas veces, el tiempo pasaba sin que pronunciasen palabra alguna. Permanecían pensando, dejando que la meditación sea su medio de comunicación, así fueron abriendo el espectro de la mente; siendo concientes de su ser, tanto de sus necesidades como de lo que genera. Mediante el proceso de la respiración generaban una retroalimentación con el entorno;  Este conocimiento se les dio de forma natural, sin saber que es una filosofía milenaria que combina desde técnicas de respiración hasta caminatas de poder
Sentían que debían permanecer en lugares verdes porque era ahí donde más sentían la calidez energética. Cuando encontraban uno de su agrado, se encargaban de  mantenerlo limpio; plantaban nuevas floras y cuidaban de las que estaban. Los espacios se convertían en jardines esplendidos, en muy poco tiempo. Realmente, sorprendía con la inmediatez con la que se desarrollaban las plantas y la belleza que resplandecían.  Esta reacción era producto tanto de las atenciones como del intercambio de energía vital entre las personas y los alrededores vivos.
De tantas reuniones y tiempo intentando encontrar la tranquilidad mental, mucha gente se sintió inspirada y  se les unió. En más cantidad en comparación con sus actividades más revolucionarias. Ellos también se fueron alejando de a poco de aquellas disciplinas a medida que iban sintiéndose más cómodos con las actividades pacificas. Llegaron a llenar plazas y parques sin necesidad de promoción alguna.
Con el tiempo ninguno parecía necesitar de trabajar, todo lo que necesitaban estaba ahí. La única ilusión era la que estaban viviendo. Toda esa energía intentando descifrar la verdad y alejarse de las distracciones materiales empezó a crear esperanza, fe y paz mental en quienes concurrían. La gente empezaba a encontrarse a ellos mismos y relacionarse con otros con conflictos similares o distintos. Hacían el esfuerzo de reconocerlos y en lo posible lo resolvían. Había distintos niveles de dificultad indefinidos en cuestiones pero ninguno era rechazado, si cada cual se sentía aceptado. Los necesitados y enfermos también se hacían presentes y no solo no eran rechazados sino que eran beneficiados y apreciados. Cada cual aportaba su saber propio de una forma altruista o a cambio de otro tipo de sabiduría. Había profesores de yoga, charlas filosóficas, artistas, cocineros, avicultores, psicólogos atendiendo casos, sociólogos interesados en estas conductas, médicos alejados de la práctica tradicional y rígida, dedicados a prestar servicios libres con los materiales que tenían a mano. En esta época en que nadie estaba exento de las enfermedades pero la gente ya estaba cansada de tener miedo, sobre todo de sus semejantes.
Con el tiempo, se creó una tendencia social a reunirse. Los núcleos se fueron multiplicando. Esto creo un  cambio en la conducta de las personas. Ya no estaban tan interesados en el progreso material, sino en alcanzar un auge espiritual. Dejaban sus trabajos, cortaron los gastos innecesarios. Optaban por lo sano. Utilizaban su propia inyección humana para trasladarse, como peregrinajes de ciudad a ciudad y de pueblo a pueblo, donde eran bien esperados y recibidos, en parte. La Inspiración los protegía con su manto y los beneficiaba con buena salud mental y física.
Había una contrapartida a esta tendencia, a quienes no les convenía esta expansión. Esta nueva generación amenazaba con todos los mercados y el sistema económico basados en la desesperación  al servicio del consumismo. Las autoridades ya no podían seguir ignorándolos, ahora que interrumpían con sus intereses personales. Averiguaron quienes fueron los precursores, como si eso fuese vital. Así fue que salieron disparados del anonimato. Existían referencias a través de la historia de lo que podía provocar si estos comportamientos persistían.
Políticos, empresarios y fuerzas armadas eran los perjudicados, y se ataban entre ellos a una cadena de culpas. Todos aquellos que necesitaban de una excusa para desatar su naturaleza, aunque ninguno se adjudico la cacería para no arriesgar su propio cuello. Las entidades precisa, esencial e inevitablemente existentes se debatían y elegían bandos abierta o incógnitamente. Fueron alimentados y dictaminados por la Violencia a sus merced, de tal manera que se ofuscaron las nociones del póstumo Sacrificio. Lo que sucedió a continuación fue un ejemplo de una de las persecuciones a los precursores de uno de los núcleos.
La cacería invisible
Debido a los movimientos del grupo que llevaron a enfrentamiento con las fuerzas policiales, quedaron registros y causas en varias comisarías. Utilizando estos cargos como chivos expiatorios, los altos mandos se encargaron de darles mala prensa, generando miedo hacia ellos. Los medios los bautizaron con el nombre “Los Espíritus Urbanos”. Pautadamente, disparaban imágenes invasivas en las que los involucraban en acciones violentas, invocando al rechazo de la opinión pública.  Aunque eran una tribu con sentido, eran reconocidos por perturbadores de la paz, rebeldes y criminales.
Se crearon mitos entorno a ellos. Su anonimato los convirtió en los más buscados tanto por las fuerzas armadas como por los caza-raiting, personas al acecho de todo aquello que suba las mediciones de espectadores. Los comerciantes sacaron merchandising, revistas y prendas con imágenes de ellos como héroes de esténcil. Los artistas hacían obras  en honor a Los Espíritus. Eran el tópico de moda en casi todas las conversaciones.
A todas horas, se veían oficiales patrullando, deteniendo a sospechosos, interrogándolos y abusando de la fuerza; palazos; botas en la cabeza; esposas apretadas; desaparecidos; muertos en manos de las de las instituciones públicas; culpables culpándose; papeleo, mucho papeleo para borrar;  “rutina”.
Esta persecución virtual y física no hizo más que hacer que Damián, Roque, Germán, Lautaro y Romina se uniesen a la vez que se adentraban en la clandestinidad. Ahora, no eran espacios abiertos y verdes los que frecuentaban. Tristemente, sus lugares más recurridos eran más bien oscuros y húmedos, como túneles, sótanos, casas abandonadas y recovecos. Ahora, si hacían fama a su nombre de espíritus urbanos ya que deambulaban como fantasmas del asfalto.  El bombardeo de hostilidad atacaba directamente contra su estilo de vida y libertad de acción. Sus fuerzas eran solidas pero era difícil saber cuanto tiempo podrían aguantar ellos solos. Su naturaleza les llevaba a confiar en lo demás, ahora, tendrían que ir en contra a eso, también.
Aliados en la adversidad
Un inframundo que se les asemejaba: Internet. La red y los internautas, también, fueron responsables de catapultarlos al estrellato internacional. Hackers y criaturas de estas aguas los vieron desde otra perspectiva. Al enterarse de la existencia de Los Espíritus, comenzaron a difundirlos por las diversas redes sociales, tan inhóspitas que no contaban con las decoraciones e iconos a los que el usuario de PC promedio está acostumbrado, frecuentadas por ciertos conocedores. En estos círculos, empezó a gestarle un culto genuino hacia ellos.
Desde hacía tiempo, aquellos relacionados con las computadoras convivían con el sentimiento de frustración generado por un sistema que los discriminaba y no les daba oportunidades a menos que sea para la retro-alimentación del mismo. Personas sumamente inteligentes en cuanto a los sistemas informáticos, desconocidos por la mayoría. ¿Acaso no es eso la inteligencia? ¿Estar adaptado a un medio en particular? Existía gente experta en esta materia, que literalmente dominaban este plano. Como sicarios a través de la fibra óptica,  accionaban en contra los opresores de su forma de ser con golpes certeros, donde más les dolía, y sin siquiera, pudiendo prevenirse. Personas que dormían poco y nada con una pasión devota hacía lo que hacían, había algo de  artistas en ellos. Algunos lograban escalar socialmente y recaudar una pequeña o gran fortuna montando una compañía multinacional. Unos pocos. Al menos, esa la imagen que se le transmitía al mundo exterior y popular. Quizás como forma de darles crédito y apaciguar los ánimos con este sector en conflicto para con el cual no tenían oportunidad ni defensa alguna, más que quizás, arrestar a uno que otro que de vez en cuando con o sin pruebas sin hacerlo demasiado obvio y levantar sospechas de las vulnerabilidades.  Unos entre tantísimos llegaron a estar entre los máximos magnates del planeta. Para los que conocían una verdad distinta, la gloria era otra: ver quien superaba más límites evadiendo ser atrapado.
Cuando exploto el fenómeno Espíritu Urbano, pareció incentivar a estos sicarios de la red a la par.  Se volvieron más radicales. Aplicaban con sus acciones habituales pero también percibiendo la posibilidad de innovación. Las grandes compañías les temían aun mas y cada vez invertían más en firewall y protecciones que ellos mismos les vendían; Se filtraban contraseñas; los virus infectaban todo a su alcance, los anti-virus eran una tarjeta de invitación; las páginas web ya no direccionaban a donde se quería. Acciones tan pequeñas como estas, creaban caos en las vidas de las personas que dependían de ello. La histeria se hizo general.
Se regían bajo el lema: No hay nada sagrado, mucho menos, privado. Y lo hicieron conocer al mundo. Lo que ocurrió después, ni los Sicarios mismos se lo esperaban, de una forma impensada le hicieron un cierto bien a la humanidad. La gente empezó a cambiar sus hábitos de vida, tan caprichosamente, como siempre. Todos los que creían en el ordenador, perdieron su fe. De a poco, se empezaron a concentrar en lo que podían controlar y se despreocuparon por lo que les era ajeno. Ante un sistema a punto de colapsar esto no hizo más que apurar las cosas. Ante un enemigo invisible de esta magnitud, era evidente un conflicto a escala mundial.
Los Espíritus no eran directamente responsables, pero la prensa amarillista y moralista los relacionaran con ellos. Eran la perfecta pantalla para lo que sucedía de trasfondo y la excusa perfecta para lo que iba a pasar, y dejarlo suceder. La misión era reavivar el miedo. Los arrestos se hicieron más cínicos, injustos, inverosímiles, violentos y desesperados.
La huida hasta el fin
A esta altura, los nombres y fotos de los Espíritus estaban en todas las listas negras habidas y por haber. Los perseguidores las enviaban por correo físico exclusivo del  gobierno, a cuanto comercio e institución fuese posible, en el país y en el exterior. Aún así llegaban distorsionados y se filtraba información debido a traiciones internas. Ellos mismos sufrían de si mismos, sobretodo, porque había muchos simpatizantes de la presa, entre ellos, quienes elegían aportar desde las líneas enemigas.
Visto y considerando, que no había lugar a donde ir sin ser reconocidos, Damián, Roque, Germán, Lautaro y Romina  decidieron que lo mejor sería mantenerse lejos de las ciudades. Viajaron en un auto prestado. Esquivaban las rutas nacionales, optando por  los caminos interinos.
Dormían en el auto o como invitados de lugareños, nunca en hoteles. Intentaban no dejar rastros. Confiaban para vivir, desconfiaban para sobrevivir. Cuando eran reconocidos, era el momento de pisar el acelerador. Quienes los entendían los ayudaban, quienes los envidiaban los delataban y ese era momento de seguir camino, sin despedidas. Pasaron un tiempo largo haciendo esta rutina.
Aprendieron a como moverse y disfrutaban de la situación en la medida que podía. Cierta vez, ya atardeciendo pararon al lado de la ruta, escondiendo el auto bajo un nogal. Roque Damián y Romina salieron a caminaren dirección a unos cerros a varios kilómetros de donde estaban. Germán y Lautaro se quedaron al costado del auto. Los tres que se adelantaron se tiraron en el pastizal. Se relajaron viendo el cielo. Aparecieron las caricias y los besos que desembocaron en un trío amoroso, en ningún momento fue una situación incomoda. Tan natural se dio que no pareció importar que Roque y Romina hayan tenido una historia seria anterior. Amanecieron juntos y desnudos. Cuando volvieron hacia el auto, Germán y Lautaro, también, estaban abrazados semi-desnudos en el asiento de atrás del auto.
La ruta los llamo otra vez y allá fueron.
A esta altura estaban en el top 5 en la lista de los más buscados, y ni siquiera iban armados. Fue así que cuando compraban en una estación de servicio y fueron sorprendidos a balazos “sin preguntas”. Desde las afueras del local entró un enjambre de proyectiles. Uno impacto fue sobre el pecho de Roque, desplomándose. Otro impactó  en la cabeza del empleado del establecimiento quien murió al instante. Los demás llegaron a tirarse cuerpo a tierra
Romina se arrastró hacia donde estaba Roque, quien a duras penas respiraba. Entre las explosiones, se escuchan sus gritos suplicando que la ayudaran a moverlo. Los otros se le acercaron agazapados. Damián lo tomó por debajo de los brazos y Lautaro de las piernas. Los cinco lograron movilizarse agachados hasta el depósito ubicado detrás del mostrador. Romina se quedó contra una pared, acostada abrazando al moribundo Roque. Damián y Lautaro ya se había reincorporado, y junto a Germán se colocaron contra las paredes del fondo del depósito, donde había una puerta trasera.
La balacera nunca terminó y perforaba las paredes. Antes desde el local comercial, pero después de un breve lapso, tampoco les daba tregua en el depósito, lo que significada que estaban rodeados. Desde sus posiciones de donde nunca se movieron, e encontraron sus miradas, imantadas como si ese fuese el final.
Después de eternos segundos, la puerta trasera fue derribada por tres uniformados completamente cubiertos. Frente a ellos permanecían indefensos Romina, con los ojos más abiertos que nunca, y Roque, tumbado sobre ella. Germán, Lautaro y Damián habían quedado a espaldas de los invasores. Fue Germán quien reaccionó velozmente y con un matafuego que tuvo a mano  noqueó  al último de ellos, que estaba a punto de abrir fuego. Antes de que el cuerpo llegue a tocar el piso, Lautaro logró alcanzar el fusil y atacó contra a los otros dos que no tuvieron tiempo a reaccionar. La Santa de los Desprevenidos les sonreía. Romina desató un llanto agudo para cortar el breve silencio.
Fue una pequeña victoria pero sabían que no tenían posibilidad, mucho menos con Roque mal herido. La decisión no dejó lugar a la discusión. Morirían ahí. Los cinco Juntos.
Con lo de los difuntos,  se armaron con rifles y se protegieron con sus mascaras y chalecos de kevlar, distribuidos como pudieron. Cuando La Paz aún los resguardaba, Roque reaccionó. Abrió los ojos y miro a sus compañeros. Los cuatro lo miraron y sonrieron. Lejos de estar confundido u obnubilado sus palabras fueron: “que hacen, todavía, acá? Salgan!” apuntando, débilmente, la obvia salida. Nadie dijo nada y reino la sombría oscuridad.  Comenzaron los disparos, de nuevo. Paulatinamente, pasaron de ser  como una garúa y a un chaparrón de plomo. Los Espíritus se debatían, mentalmente. En un impulsó, Germán contestó desaforadamente el fuego, vaciando todo un cargador. Damián se le sumó, luego Lautaro. Los disparos de los Espíritus eran desprolijos pero afilados, varios fueron a dar contra sus enemigos, hasta tal punto que ya no se escucharon respuestas. Solamente Romina, escuchó cuando Roque dijo: “Nos vemos cuando seamos energía” y dejó de respirar. Romina lloró la vida de su amor antiguo y actual.
Cuando pararon para recargar, se dieron cuenta. Damián raspó sus espaldas hasta llegar al piso. Lautaro cayó sobre sus rodillas y repto hacia ellos. Todo era desazón, reinaba la tristeza y la falta de esperanza. Solo Germán se animo, después de un rato, a pispiar por una ventana con los cristales rotos. No parecía haber nadie. Se miraron. Era momento de actuar.
Aprovecharon para escapar por la abertura donde una vez hubo una puerta.  Los cuatro iban en fila agazapados contra la pared del lado externo de atrás, dejando en ese depósito oscuro y húmedo, el cuerpo sin vida de Roque.
Cinco - Uno = Cinco
Al borde de la pared, Germán, quien encabezaba la fila, pudo ver había al costado de la estación de servicio una arboleda, una escasa posibilidad de escape. Por medio de señales les hizo saber el plan a los demás.  Asomó un ojo para el frente de la estación, se veían las patrullas pero no había oficiales a la vista. Era “Ahora o nunca!”. Dio la señal, y empezaron a correr a toda velocidad.
Antes de que pudieran desaparecer entre los árboles, fueron descubiertos a sus espaldas. Los oficiales titubearon por un momento porque estaban medios uniformados y medios armados, pero cuando los reconocieron comenzaron a dispararles a sangre fría. Los Espíritus pudieron responder, mientras corrían en reversa. Ese fuego fue suficiente para escabullirse entre los árboles y continuar protegidos por la naturaleza, donde el tiro no era tan limpio.
Adentrandose, los federales arriesgaban mucho porque podían ser sorprendidos, fácilmente por la presa que era invisible y tenía garras. Como donde no hay pasión, no hay valentía, vacilaron. Pudieron detectar a los fugitivos corriendo pero ya habían traspasado la línea de arboles y un alambrado. Corrían por campo traviesa entre subidas y bajadas. Apareciendo y desapareciendo.
Desde el punto de vista de Damián, Romina, Lautaro y Germán, una vez que salieron del escondite que les proveyó la arboleda, todo fue camino arriba. Siguieron solo parando para recuperar un poco de aire, sosteniéndose entre ellos hasta que llegaron a una cima y ahí se quedaron los cuatro parados, juntos, contemplando.
Atrás: un amigo; atrás: la estación de servicio que habían dejado; más atrás, toda una vida que quizás en algún momento, pensaron resuelta. Les debe haber resultado difícil saber como terminaron donde estaban pero sabían que tenían que seguir. En algún momento, lo descifrarían y quizás volver a alcanzar el equilibrio, algún tipo de equilibrio para mantenerlo mientras sea posible. Pero para eso tenían que seguir, y seguir juntos. Abajo de la sierra: un asentamiento, adonde se dirigieron en búsqueda de un móvil, y con un poco más de suerte, algo de ayuda.
Cuando llegaron ya había anochecido. Era un pueblo al costado de la ruta, como avenida principal. Se expusieron a caminar por ahí, entraron en una cantina donde estaba tocando una banda. La atención de los paisanos se dirigió a los recién llegados. El lugar estaba casi vacío  lo que hacía más difícil no notarlos, sin contar que estaban pesadamente armados y con partes de uniformes policiales. Eran como efectivos de policía de algún futuro apocalíptico.
Había un hombre gordo y barbudo, con jeans apretados y una musculosa manchada, sentado en una mesa a la izquierda del escenario, dándoles la espalda a los músicos. Volteó la su gran cabeza inexpresiva. Se puso de pie y se retiró a una oficina pequeña, enfrentada por un pasillo a los baños públicos, dejando la puerta abierta. Los recién llegados no se percataron de él, se acercaron a la barra y pidieron algo. Al rato, el hombre volvió a sentarse en su lugar de antes.
El cantante de la banda se movía exageradamente en un escenario diminuto. A espaldas del hombre gordo, hacía gestos obscenos hacia él sin que este se de cuenta o sin que le importase demasiado.  En un momento, el performer se puso en cuclillas, en una típica pose rockera con los brazos sobre el pecho del hombre gordo, como provocándolo aun más sin respetar su espacio personal. Antes de que el gordo le eché una mirada por sobre sus hombros, se apartó y continuó con su circo mientras la gente no les prestaba ni un mínimo de atención.
Los cuatro espíritus apuraron los vasos y emprendieron la retirada, pasando por enfrente de escenario. El cantante se agachó al tal punto de cantarle al oído a Romina, cuando pasaba. Esta se quedo quieta siguiéndole el juego cumpliendo con el rol de fanática, con una sonrisa irónica. El cantante  le agarró las dos manos un tiempo y después de un alarido que desgarro la nota, saltó para atrás.
Al salir por una puerta lateral, salieron a un estacionamiento improvisado, con solo un automóvil. Romina abrió sus manos y contempló unas llaves de un automóvil.  Se dirigió hacia él único automóvil, un Chevrolet Impala, demasiado impecable para la mugre y el polvo de esos lares. Los demás se quedaron mirándola, mientras lo abría. Dio vuelta su cabeza hacia ellos y dijo: “Maneja vos, Damián”. Entro  por la ventana del asiento del acompañante, pero se sentó en el asiento atrás del conductor. Roque ocupó el del acompañante y Lautaro ocupó el orto de atrás. Damián arrancó el auto y lo puso en la ruta. Al rato, los tres hombres la interrogaron con la mirada. Ella prefirió mantener el misterio, sonrió, ensimismada por las  pocas luces que entraban por la ventana.
Camino Vigilado
Lautaro se acordó que los intelectuales computarizados tenían un canal radial clandestino, emitido por Internet pero que podía ser captado por cualquier antena, así podía tener más alcance que cualquier otra cadena. Era una sintonía que debía ser configurada especialmente para no ser rastreada, un secreto bien guardado del cual Lautaro sabía por codearse con estos eruditos. Cabe destacar, que en su juventud él mismo había practicado estas magias, no sin aprender algunos trucos. Se cruzó por los asientos delanteros, encendió la radio y la sintonizó. Los otros lo miraban extrañados, sin entender. Lo que estaba haciendo es ingresar una contraseña en el estereo del auto, la cual fue ingresada por los técnicos de los fabricantes de audio de manera secreta. Esta contraseña habilitaba una combinación de señales AM, FM  y Wi-fii en el estereo para captar la emisión de ruido blanco que después de 45 segundos, se iba volviendo más nítida hasta poder percibirse la radio clandestina. La programación contaba con noticias verdaderas sin distorsiones, música honesta y de calidad y la novedosa idea de un reality show, en vivo y en directo, cuando la situación lo ameritaba, que informaba los movimientos policiales, GPS y estado de las rutas. Mediante al ilimitado acceso a información con el que contaban lo hacía posible. Esta estación de radio sabía exactamente el número de radio escuchas con los que contaba, ya que estaban conectados a una red.  No les fue complicado darse cuenta que Los Espíritus Urbanos estaban on-line, ante la duda hubiesen desaparecido de la sintonía de manera instantánea sin dejar rastros.
Así fue como los primeros kilómetros, simplemente, sucedieron a toda velocidad. El auto era de los rápidos y ni rastros de los uniformados.
Por ira contra la sociedad, por odio a haber perdido uno de los suyos, y por lo que sea. Buscaron efectivo de lugares que aborrecían por principios. Asaltos rápidos a casas de lotería, casas de comida rápida y alguna que otra estación de servicio. Ya no se escondían. Las emociones fuertes los controlaban y los hacían obvios.
 Se turnaban para manejar, siempre acompañados para escuchar las noticias. Las camineras no los detectaban. La policía local prefería ignorarlos, como si nunca hubiesen pasado por ese pueblo. No eran VIP, pero si se avistaba un helicóptero seguro los buscaba. Cuando se dieron cuanta había recorrido varios miles de kilómetros en pocos días. Eran temidos en el norte y el sur. Nada de esto fue su intención. Amanecer a la deriva, con tiros en la espalda, a kilómetros de casa. No lo pidieron pero sucedió.
La Suerte caprichosa  los traicionó. Saliendo de una curva, aparecieron dos patrulleros y una moto del destacamento. Lautaro fue el primero en darse cuenta. En la radio sonaba un rock estridente. Sobre la canción se volvió el fondo de un locutor que relataba lo que iba sucediendo.
Roque aceleró, a la vez, que Germán sonreía apretando los dientes. Sacó su cuerpo por la ventana apuntando con el fusil hacía los perseguidores y bautizó el tiroteo. Era una persecución de la vieja escuela. Romina lo metió a Germán, de un tirón, de nuevo en el auto, cuando el fuego enemigo se hizo presente. La moto se le puso a la par del Impala. El oficial con su arma les apuntaba. Damián le tiro todo el peso del clásico y  la moto no tuvo otra opción que dejar la carrera y en vez de entrar a boxes, se tuvo que conformar con revolcarse en la banquina.
La primera patrulla los prepoteó con un topeton desde atrás haciéndolos tambalear. Damián hizo uso de los caballos de fuerza y logro alejarse. La patrulla logro acercarse, nuevamente. Damián en una maniobra digna de un corredor, se puso en el otro carril de al lado, clavó los frenos hasta ver pasar la patrulla y los embistió desde atrás,  provocando que se disparasen sin trayectoria más que la cuneta como fin del camino.                     
El tercer vehículo los seguía de cerca. Mantuvieron distancia pero disparaban a discreción. Los proyectiles impactaban contra la carrocería, los cristales de atrás y el parabrisas del frente. Romina y Lautaro permanecieron agachados, enmudecidos por el miedo. Roque empuñó uno de los rifles con una de sus manos y respondía el fuego mientras con la otra mano sostenía el volante. Germán había tomado posición de francotirador usando el asiento como apoyo. La patrulla zigzagueaba dificultando la puntería pero también sufría daños pero continuaba a viva persecución.
Entre el pandemonio de las explosiones y los impactos contra el metal, la radio advirtió que delante había un cordón policial. No se sabe si escucharon el aviso, pero cuando lo vieron no tuvieron mucho tiempo de reacción. Damián logro una violenta vuelta en U, haciendo pasarse a la patrulla que tenían mordiéndoles los talones. Solo para darse que cuenta que a los cientos de metros les seguían el rastro 4 patrullas más de refuerzo, bloqueando todos los carriles. La cuneta era demasiado empinada para ser transitada  cómo emergencia, tratar de escapar por ahí era imposible.
La única forma de seguir, era volver en dirección al cordón policial. Damián giró bruscamente 180º, una vez más.  Al tener a la vista la hilera de patrullas, caballetes, sirenas y policías, Damián piso a fondo el acelerador asta que el auto llegó a su máxima velocidad. Desde el cordón, empezaron a dispararles. Los proyectiles impactaban sobre el auto que a esta altura, humeaba y parecía que se iba a desarmar. Quedaban pocos cientos de metros para llegar a lo que parecía el fin.  Los disparos cruzaban por el interior del automóvil, Damián continuaba con el mando y acelerando pero los cuatro estaban lo más encogidos que lee era posible. Momento de impacto en 3…2…1…
Arremetieron entre dos patrullas a la mitad de la ruta que salieron desplazadas estruendosamente. Los policías al ver que no se detenían se lanzaron hacia los costados. Al romper con e cordón, tuvieron vía libre. El Chevy seguía su curso con buena velocidad aunque no en las mejores condiciones. Los cuatro despertaron del letargo y la confusión, se reincorporaron y se miraron como resucitados. Se escucharon algunas unas risas nerviosas y terminaron a las carcajadas. También, la radio festejaba con ellos. Todo era alegría. Se palparon para ver si estaban en una pieza.  Al parecer ninguno había sido herido. Era casi un milagro pero las risas cesaron y reinó el silencio cuando se dieron cuenta que Germán había sido alcanzado. Tenía el rostro pálido con la boca media abierta y respiraba agitado. Ya tenía toda la camisa ensangrentada. La bala había entrado y salido por su hombro. Romina lo llevó al asiento trasero, para recostarlo y con lo que tuvo a mano lo asistió para detener el flujo de sangre que emanaba de su torso.
El Futuro no les mostraba una imagen prospera. La voz de la radio empezó a ganar presencia, les hizo notar que la situación empeoraba. No se habían librado de la policía por mucho tiempo, un helicóptero los seguía desde el aire. Para su beneficio, les indicó un camino interino, donde había una especie de depósito o cementerio de autos. Les  indico del El Viejo Juan, un rebelde por naturaleza, quien se mostró como un póstumo anfitrión  en la adversidad aun poniéndose en riesgo a él y a los suyos; él fue quien los proveyó de alcohol e instrumentos para desinfectar a Germán; les dio una vieja camioneta para seguir, disfraces y una esperanza  de escape, con la ayuda del efecto sorpresa.
Pusieron en marcha todo automóvil que aún funcionase, manejado por los familiares de El Viejo Juan que residían en el deposito, algunos de poca de edad pero capaces de manejar. Salieron todos juntos y en distintas direcciones para confundir la visión del helicóptero. Todo esto a la velocidad de la luz, sin tiempo de hacer amistades, mucho menos para despedidas, pero bastó para informarles el camino y de una guarida que podrían usar en un puesto abandonado a unos cuantos kilómetros de donde estaban. Pertenecía a una estancia descuidada por sus herederos que ya no le prestaban atención. Allí se dirigieron al dispersarse de la salidera de automóviles. Hacía tiempo que no había tanto movimiento en el depósito del Viejo Juan, pasaría mucho tiempo antes de que algo así vuelva a suceder. Los cuatro espíritus le estarán eternamente agradecidos, así como también, al ángel guía de la radio.

Asilo temporal
El puesto era una casilla hecha de chapa y ladrillos, que se encontraba  en medio de un potrero bordeado por un alambrado. Tenía un corral de ganado al costado, a unos 200 metros había una arboleda considerablemente espesa. El extremo norte de la arboleda lindaba con el camino rural, en esta ala escondió la camioneta, tapándola con ramas y hojas. La casilla por dentro estaba oscura, contaba con unos pocos muebles arruinados por la humedad y el desuso, el piso era  de tierra. En un mismo ambiente estaba la cocina, una pieza y un baño dividido por chapas. Se podía ingresar por una puerta delantera y otra trasera, una ventana pequeña brindaba una pobre iluminación al sector de la cocina. Ahí quedaron escondidos un tiempo eterno pero que en realidad fueron 2 y medio, casi sin salir. Cuando lo hacían, en turnos y nunca de a uno, se adentraban en la arboleda y regresaban al la casilla del puesto. La tensión se podía sentir en el aire. Germán tuvo tiempo para cicatrizar medianamente, gracias a los primeros auxilios del Viejo Juan y los cuidados meticulosos de Romina. Volvieron a ejercer el ejercicio del silencio y la meditación para recobrar fuerzas después de todo lo sucedido, y ver una salida para continuar. No obstante, también, vigilaban en turnos y de a dos siempre atentos, siempre esperando.
Cada tanto se veía una polvareda por el camino pero que terminaba por alejarse. Alguien debió haber avisado a los polis, quizás los dueños de la estancia o algún peón en su recorrido habitual sin que se diesen cuenta, porque una de esas nubes de polvo se dirigía hacia ellos, aunque no se oían ni se veían las sirenas.
En la oscuridad del mono-ambiente, se escuchó la voz firme de Damián que decía: “¡Claven las puertas y preparen las armas!”. Ya casi no les quedaban municiones. Debían aprovechar cada tiro.
Al cabo de un rato, seis patrullas y una camioneta de grupos especiales se plantaron estratégicamente a los alrededores del puesto. Desde afuera, La casa parecía muerta. Un helicóptero sobrevolaba el área.
De la camioneta, bajaron ocho efectivos. Como en una coreografía los ocho pusieron la rodilla derecha contra el piso y flexionaron la izquierda, con los rifles automáticos presionados contra el hombro derecho.  Con una orden tacita, abrieron fuego a las chapas por varios segundos hasta dejarlas hechas un colador.
Luego de recargar, los mismos efectivos se incorporaron y avanzaron en línea hacía el objetivo:  se dividieron para posicionarse dos de un lado de la puerta de enfrente, dos del otro. Los otros cuatro fueron atrás, pegados contra la pared.
Entró una bomba de humo silbando y quebrando el poco vidrio de la ventana, rebotó en el piso y desparramó todo su contenido. El equipo posicionado entrada delantera se abalanzó primero, pateando la débil y floja puerta y se adentraron en la nube de dos en dos, con sus mascaras puestas. Su entrada fue seguida de una secuencia de ruidos secos, ráfaga de tiros certeros y silencio.
El humo se fue disipando. Un miembro del segundo equipo posicionado en la parte trasera, se atolondró para chequear el estado de la situación. Desapareció, tragado por la tierra. Al segundo que se asomó, fue recibido con un tiro certero entre los ojos, penetrándole el acrílico de la mascara. Afuera quedaban dos, que retrocedieron a la par, debido a que el enemigo no podía ser divisado. Se apuraron a resguardarse detrás de los móviles, ante el peligro invisible hasta que pudieran detectar algún movimiento.
Adentro, en el piso se abrieron unas “ventanas” dejando ver un compartimento subterráneo. De esa trinchera, salieron Romina, Damián, Germán y Lautaro, más armados y protegidos que nunca gracias a los ilusos que entraron,  fueron cayendo en la trampa y ahí quedarían. 
Aprovechando la inercia de su pequeña victoria, los cuatro salieron corriendo mientras disparaban enardecidos contra los móviles. Los efectivos policiales estaban tan shockeados y asustados que no se animaron a contestar el fuego. Lautaro fue divisado por el ojo reflector del helicóptero y este le dibujo un FUCK YOU muy grafico con la mano mientras corría con los demás en dirección a la arboleda. En ese momento, los dos restantes del escuadrón salieron en su persecución, para rescatar los que les quedaba de valentía.
Lautaro, Damián, Germán y Romina siguieron corriendo adentrándose en la vegetación, pero se les iban acercando. No eran un gran peligro pero Damián lo miro a Lautaro y le pregunto: “¿Preparaste bien las redes?“. Al unísono y sin dejar de correr miraron por sobre sus hombros atrás para ver que los perseguidores estaban justo siendo envueltos, empaquetados y colgados de los árboles por una clásica trampa, perfectamente diseñada y aplicada por Lautaro. A ninguno de los cuatro les fue posible, no parar y reírse a carcajadas sobre sus rodillas o tirados en el piso cuando vieron que funciono a la perfección. En breves, se tuvieron que reincorporar y seguir camino ya que en cualquier momento lograrían liberarse ellos mismo o los librarían los oficiales que habían quedado atrás. 
Llegaron a la camioneta que estaba bien escondida entre la flora. La pusieron en marcha. Aún no había vestigios de los oficiales y ni ser captados por el ojo vigía del helicóptero. Salieron despacio de la arboleda y retomaron el camino interino. Tomaron por la ruta principal, como decididos a perder el miedo y enfrentar a sus enemigos. A los pocos kilómetros, al llegar a un cruce de caminos, la camioneta se detuvo. Damián baja y la camioneta arranca dejándolo en ese lugar
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El descanso del guerrero
Después de varios dedos y largas caminatas, Damián volvió a internarse en el anonimato de la ciudad.  Su cabeza no estaba convencida, su corazón y su espíritu menos, pero volvió de todas maneras, más que nada por principios. Escaparse fue la emoción del momento pero no podía seguir de esa manera. Tarde o temprano, los iban a atrapar. Por los menos,  quiso que sea desde las raíces. Quiso encontrar tranquilidad donde no la había. Quiso desmitificar las sospechas de quien estaba detrás de las persecuciones. Quiso atacar los problemas desde el centro.  Así, se debatía entre todas estas ideas, algo contradictorias entre si y con su personalidad. Como pudo, trato de explicarles algo de todo esto a sus tres amigos. Sin embargo. Romina, Lautaro y Germán quedaron en la camioneta sin rumbo fijo.
Su primer paso fue analizar desde donde podía retomar lo que había empezado. No tardo en caer en la cuenta de que algo había cambiado. El aire no era el mismo. Sus ideales habían evolucionado o habían sido distorsionados. Tenía la creatividad ofuscada y sus ideas no eran tan liberales ni radicales como solían serlo. ¿Cómo no iba a ser así después de la violencia por la que se había filtrado su persona? Se sintió abatido, como si los cinco de siempre hubiesen perdido la guerra, desde el comienzo, y todas las miserias que vivieron fueron en vano. Se dió cuenta que quien estuvo detrás de todo aquello, aunque no los haya aniquilado,  se contentó con perseguirlos, meterlos en su juego de violencia y cambiarles la mentalidad para neutralizarlos. Fue como si hubiesen sido insertados en un programa de lavado mental bastante malévolo desde el momento que empezaron a huir, o antes. Nunca tuvieron una posibilidad de ganar.
Se hospedo en un pequeño cuarto de una pensión en los barrios bajos de la ciudad. Le dieron check in por unos pocos pesos y no preguntaron nada que no se pueda falsear. Le resultó conveniente acorde a su corta economía y necesidad de permanecer de incógnito. No se hablaba con nadie y rechazaba el servicio de limpieza. Permanecía encerrado en una  oscuridad casi total. Se pasaba la mayor parte del tiempo recostado en un sillón viejo y gastado. Vio horas de violencia actual, programas superficiales repletos de sexo y polémicas, películas que incentivaban el consumo masivo, noticieros con la verdad corrompida por la tendencias política, educación publicitaria y programación a merced del raiting. Ya no juzgaba ni intentaba hacer algo al respecto, solamente, absorbía.
Desde el punto de vista generalizado de los medios de comunicación masivos, pudo observar que hubo quienes quisieron seguirle los pasos de otros tiempos. Los medios los condenaban  y se las ingeniaban para hacer notar que los trabajadores no llegaban a sus trabajos, o que un niño necesitaba medicinas que no iban a llegar por una manifestación. Eran perseguidos con exagerada violencia ante el más mínimo acto de expresión. Había más miedo que nunca. La opinión pública los defenestraba ya que iban en contra a sus intereses. Damián mismo ya no le veía propósito a tanto esfuerzo que no era apreciado, parecía inútil y peligroso. Los Espíritus Urbanos eran un tabú, las palabras prohibidas, o peor, una moda vencida.
En todo este tiempo, no tuvo noticias de sus compañeros. ¿A donde habrían ido después que se separaron? El les guardaba el más sincero de los cariños y si se tuvieron que separar fue solo por diferencias de personalidad. Ellos quisieron seguir en las rutas. Él intentó volver y continuar con el cambio dentro de la metrópolis pero termino escondiéndose en una unidad inmunda. Cada cual por su lado intentaba seguir.
El mismo sabía en sus adentros, que esta situación no podía durar, tanto por su estado anímico como por su estado económico. Inevitablemente, empezaron a llegar los reclamos de pago por el uso de la habitación. Al principio, cordialmente mediante medios escritos, después, a crudos golpes en la puerta y gritos. Tuvo que escaparse a hurtadillas por la escalera de emergencia, cuando nadie estuvo vigilando.
Durmió algunos días en la calle y, debido a su aspecto, se mimetizaba entre los tantos vagabundos. Tomó la decisión de volver sobre sus pasos. La policía siempre espera que los criminales, vuelvan a la escena (en este caso las escenas) del crimen. De todas maneras, algún motivo los conduce. A veces, más allá de entendimiento.
Hacía rumbos ya conocidos
Se tomo un ómnibus que lo saque de la ciudad. Al llegara a la última estación, empezó a caminar. Hizo dedo hasta que lo levanto una chata bastante mal cuidada, el conductor era un estanciero que lo había perdido todo durante las últimas crisis económicas, había quebrado y saquearon sus tierras. A pesar de las penurias, el hombre tenía una sonrisa en su rostro, como aquel que aprendió que no hay mal demasiado malo. Damián no preguntaba mucho pero el conductor se empecinaba en contarle la historia de su vida sin el menor interés en que Damián le cuente algo de la suya. Esto último tranquilizaba un poco a Damián. El estanciero lo dejó a pocos kilómetros de lo que quedaba de aquella estación de servicio en la que se desató la tormenta. No había ni un alma, aunque si había indicios de que una gran petrolera ya había puesto las manos sobre el establecimiento y estaba por empezar la obra de reconstrucción. 
Damián paso unos cuantos minutos entre los surtidores oxidados, después, emprendió la marcha, nuevamente. Pensó en pasar a visitar al Viejo Juan del depositó de autos, pero se imagino que de alguna manera se estropearía la magia de aquel momento en que les fue de tanta ayuda, entonces, desistió ante la idea. Su próxima parada: el puesto. Sabía que se acercaba a una muerte segura, que ahí lo estarían esperando, que una bala tenía una asignatura pendiente con él pero su mente lo entendía y su alma lo aceptaba.
Una vez en el camino rura interino, un peón en carreta lo levantó. Quizás por la curiosidad de hablar con un extranjero. Damián no le dijo exactamente a donde iba, solamente, le aviso donde bajar. El hombre que conocía la zona, seguramente, ya habría adivinado hacia donde se dirigía. Después de descender, Damián saludo con la cabeza. Cuando la carreta  ya no estaba a la vista, cruzó el alambrado bordeando la arboleda. El paisaje era desalentador. La arboleda había sido arrasada por las sucesivas heladas. Pudo ver que el puesto estaba peor de cómo lo había visto la última vez. Las chapas sueltas habían sido arrastradas a varios cientos de metros por el viento, y solo algunas vigas y una pared se mantenían en pie. Damián se quedó inmóvil contemplando, en el medio de las ruinas. Levantó el mentón, y respiró profundo. No recordaba cuando fe la última vez que se haba tomado el tiempo para hacerlo, concientemente. En todo ese suspiro, tuvo los ojos cerrado pero al abrirlo, lentamente, notó que,  a lo lejos, iba acercándose a gran velocidad un vehículo. Cuando se pudo distinguir entre la polvareda, ya estaba disminuyendo la velocidad a la altura del puesto.  A lo pocos segundos, ya estaba a pocos metros de Damián. Él no huyó, quizás por la mala alimentación, el atontamiento, la desmotivación o la aceptación de la muerte.  
Tres efectivos policiales uniformados descendieron y con paso firme se dirigieron hacia él. Lo rodearon y quedaron observándolo. Uno de ellos, lo redujo a sus rodillas golpeando con su arma atrás de las rodillas. Damián permaneció ahí, con la mirada perdida o mirando al infinito. Otro efectivo lo levantó bruscamente, tomándolo de las axilas, dejándolo inestablemente en pie. El tercer efectivo desenfundó una pistola y se le acercó, a pocos centímetros. Rozó el frió metal del arma contra la mejilla izquierda de Damián., provocándolo o intentando causar al menos alguna reacción. Damián levantó la mirada, lentamente, y la mantuvo contra el cristal de la mascara que escondía la cara del oficial.  Ese mismo oficial se puso en cuclillas, le desabrochó el cinturón, sacó su miembro y se lo empezó a mamar. Damián quedó estupefacto, con la boca abierta. No supo cómo reaccionar. Simplemente, permaneció inmóvil. Fisiológicamente natural, el miembro se le erecto.  Damián pensó en que tipo de tortura psicológica era esa. Los efectivos a sus espaldas comenzaron a reírse a carcajadas a tal punto que  se tenían que apoyar sobre sus rodillas. Después de un rato el oficial en acción, se reincorporo y retrocedió. Damián quedo de pie con los pantalones y con el miembro erecto. El oficial retiro su máscara y Damián reconoció que era, nada más y nada menos, que Romina. “¿Todavía, no reconoces mi obra?” Dijo ella y rió. Todos explotaron menos Damián que todavía no recuperaba el aire ni la noción de la realidad. Miro sobre sus espaldas y pudo ver que los oficiales, ya sin mascaras, eran Lautaro y Germán. Romina, Lautaro y Germán se acercaron y lo abrazaron. Damián, ya en si, y con el aura rehabilitada, reía en un mezcla de llanto. Lo separó a Germán y lo derribo con un tacle. Acto seguido, le dio un largo beso a Romina, tan largo que Lautaro y Germán se cruzaron de brazos e intercambiaban miradas. Se abrazaron, nuevamente, riendo a carcajadas y gritando insultos amistosos. Damián y Romina seguían dándose besos, también, Lautaro y Germán. Eran demasiado felices y había mucho por contar pero no alcanzaban las palabras y, de momento, no hacía falta.  

Dieron un último vistazo a las ruinas de su última aventuras juntos y se subieron al auto, para darla bienvenida a las que vendrían. Aceleraron por la ruta sin rumbo fijo. Estaban los cuatro juntos de nuevo. Estaban entre los cinco tipos más buscados, pero de momento, eso no importaba. 

Esta historia continuara en la novela titulada Dioses Modernos.