El Buscatelentos
El Buscatelentos
Soy lo que ya fuiste, lo que no quisiste ser
Tu sueño reprimido, tu miedo a creer
Soy la juventud, golpeando a tu puerta
Soy la juventud, estoy de vuelta
No existen las edades
es una limitación para no hacer
lo que quieras con tu vida,
Para que estés en algún lugar a cierta altura, para que
pienses como deberías
Para decirte lo que tenés que saber
Ya no tengo edad, persigo mi destino, me río de los serios
Y miro como asesino.
Baje de un bondi,
Camine por una calle para arriba,
Vi un bar y entre
En la barra, una cerveza tome
La banda empezó a tocar
MI cabeza empezó a volar
Como siempre pasa,
Con la música en vivo
¿Por qué será? Me pregunté
La música activa ideas que no se ven (… de otra forma)
Y me hipnotiza, me saca, me lleva y me trae (vivan las
artes/ adoro las artes!)
VI que había gente que pensaba que había gente de más
Y no apreciaban lo que les daban
Había tanto arte que estaba ahí no más
Que les pedía a gritos que se dejaran ayudar
Pero ellos no miraban, tampoco escuchaban
Tampoco sonreían, tampoco se inmutaban
Si en el subte se oía una obra de Bach
Solamente seguían…
Con sus vidas, que parecían vacías
Yendo a lugares poco naturales
Les costaba energías, que no les devolvían
Ya estaban tan cansados, cada vez más cansados
De todo…
Algo había que hacer,
Eso no se podía ignorar,
Había quienes querían curarles el alma,
No dejarse era su enfermedad.
Empecé a repartir tarjetas
Que tenían mi nombre y decían:
“Si querés ayudar, llamame, yo te puedo ayudar”
A todos los artistas que creía que lo hacían de verdad,
Que tenían la libertad de pensar, eso es libertad
Que se podía contagiar a lo demás
Para empezar a cambiar…
Así fue como empezó.
Empezaron a llamarse.
Se empezaron a acercar.
Se empezaron a juntar.
Se empezaron a conocer.
Crearon medios para conocerse,
Se hacían compañía,
Solos nunca más.
Con conflictos como es normal.
Pero el arte es la cura del alma, y se fueron curando.
Se empezaron a multiplicar.
Se amaron.
Y cantaron,
Y tocaron,
Y rieron,
Y pintaron,
Y bailaron,
Y aprendieron que el arte es saberse expresar,
y cada vez se expresaban más.
Aumentando la percepción
eso hace bien. Y el bien hace el bien.
Y contaron la historia,
Y todos juntos armonizaron
una melodía tan hermosa
que no necesitaba palabras
porque en su escuchar estaba todo dicho.
Esa melodía se hizo llegar a quienes no la conocían.
Por medios alternativos y en un ala delta que a los costados
tenía parlantes.
Se llamaba Ave de La Pax.
Y sobrevolaba sobre la ciudad que la necesitaba.
Pero como toda causa causa efecto, hubo quienes se
ofendieron,
Quienes no entendieron,
Quienes envidiaron siendo invitados,
Quienes se enfurecieron por creer perder a sus hijos cuando
ya los habían perdido, cuando se habían encontrado,
Y respondieron…
Con varias armas… de fuego… verbales… gubernamentales…
eclesiásticas y morales.
Siempre desde la ignorancia.
Los que nos conocieron aprendieron a querernos,
Aun los que no compartieron, nos aceptaron y nos respetaron.
Nosotros también a ellos. Siempre poniendo en práctica el
amor,
Intentábamos amarlos y transmitírselos.
Pero la cultura del odio es muy fuerte. Y los colores más
lindos, también, se manchan.
Muchos pertenecían a esta cultura milenaria., pero, como
juzgarlos?
A nuestro modo, les mostrábamos que siempre estuvimos y
siempre estaremos.
Conviviendo, a diario, aunque no seamos consientes de ello.
Las represalias eran fuertes, cada vez más frecuentes, se
hacía difícil mantenerse. Las reuniones eran consideradas peligrosas. El miedo
se hizo nuestro enemigo más potente. Surgieron engaños y traiciones, pero no
los culpamos. Los que sabíamos, sabíamos que el destino de una persona es la
inevitabilidad de los hechos y amábamos esta condición. Era la especia de no
saber realmente lo que puede llegar a suceder. Volvíamos a entender que nadie
es más importante que nadie. Y al final, siempre hay una o varias muertes. Al
final, siempre hay un final.
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Cierta vez, un mensaje mental llegó a mi cabeza
“nos están cazando por toda la ciudad, uno a uno. No nos
defraudes”.
Pude ver como corrían dispersados
por la plaza central, perseguidos por agentes armados
que disparaban a sangre fría.
Algunos que no eran de los nuestros respondían tirando para
atrás mientras corrían.
Me ví directamente volando en el ala delta,
con los parlantes a los costados
y sonaba el himno de los hermanos.
Bajaba como un manto hacía los oídos
de los cazadores y los perseguidos.
A los que les llegó el mensaje,
dejaron de correr desaforadamente
Se juntaron en un círculo completo por dentro,
Cubiertos por ellos mismos.
y entonaron el himno sin palabras.,
Solo algunos disparos se escuchaban, pero las muchas,
muchísimas, voces se oían más.
Algunos de los agentes soltaron las armas, hubo quienes
cayeron sobre sus rodillas tapando con sus manos el llanto. Otros como
respondiendo a una orden, los rodearon y sin vacilar dispararon. Por lo que se,
murieron como ángeles y así vivirán siempre.
En algún momento. Yo sentí una mordida en el brazo derecho
perdiendo el control del artefacto volador y comencé la caída. Desde ahí todo
es conciencia plena.
Así fue como paso.

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