3.13.2010

El pollo

Lo compraron en una rotiseria porque lo vieron simpático. Estaba colgado, desplumado y les pareció lindo y pedía que lo llevasen con esa expresión compradora.
Al llegar a la casa, lo pusieron en el freezer pero ese no era lugar para poner a un ser querido, así que lo dejaron en el living, para que se sienta como en casa. Cuando pasaban lo saludaban y compartían unas palabras. Lo acariciaban, porque era grata la sensación de tocar su piel casi graciosa.
A veces, lo veían meditativo, otras veces llenaba el lugar alegría.
Pasado un tiempo, pensaron que no sabían nada de él, ni siquiera su cumpleaños, entonces pensaron en festejarle uno, porque en el fondo sabían que no estaría con ellos para siempre. Invitaron amigos, lo sentaron en la cabecera de la mesa llena de comida, sándwiches, palitos, papas fritas, y en medio de toda la algarabía y las guirnaldas se lo veía feliz.
Un día murió, y lo velaron en una caja entre los que mas lo conocieron. Los que lo tocaban, no podían evitar el gesto de asco al sentir la piel granulada y tibia. Luego, lo enterraron. La gente que asistió se quedo un largo momento alrededor de donde lo enterraron, pensando en el tiempo que habían pasado con él.