9.05.2007

El hombre que vive.

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El hombre que vive, el que busca para encontrar un que más buscar, es el que se sabe distinto de y para otros, todos; corre al ritmo de sus pulsaciones y sumergido en lágrimas pellizca una mente librada en desconcierto, devorando ideas para meterlas en su cuerpo, en su carne, hacerlas piel de días, y dejándolas caer, cambiar, madura una nueva mirada.
Aquel hombre, vive en un mundo que puede oler y tocar, se desvive por mostrarle a otros lo que el desearía que fuera, y en la más estrecha unión que permite la materia lo carga de sufrimiento, le da su sentido. Nube que día tras día sobrevuela su conciencia y de a ratos, solo de a ratos, abre su vientre para vaciar un torrente de angustias, risas, y potencias que desesperadamente buscan un forma, la suya sobre el papel, nunca como fin, siempre como medio a otros.
Da más que su vida, todo lo que a través de ella puede brillar hasta parirlo devuelta, y por sobre el tiempo y el azar, hablarle a cada quién este dispuesto romperse, desatarse al menos por un rato. Sueña una palabra violenta y seductora que encienda aquel sentir conciente, curioso, ese que de tanto en tanto finge saberse independiente, ajeno a toda racionalidad, a todo deber, blandiendo una espada sin forjar aún, su futuro. Indeterminación profundamente placentera aunque como tal se sabe finita, se sabe humana, tan particular como atada a los demás, esperando el timbre que la vuelva a su lugar.
Así, ese hombre sueña sobre sus actos, imagina un puente celeste, uno y muchos más, suyo y de todo aquel que no conoce pero que habrá de reconocerlo a él. Un paso atemporal, una brecha de sentido que desborda toda lógica al mutar de la carne a la tinta, y desde allí viajar a otros cuerpos, para ser alzado por otras manos, manchado por otros tiempos.
Trátese de un pacto secreto de almas, un rito laico de valores, un cordón sucio y maltratado que ha de atarse y prolongarse por vidas, que continúa siempre heréticamente reinterpretado por nombres en su forma más pura, la se ese instante, la única valida, la del que hace solo lo que puede, sin atenerse a lo que debe. El arte del hombre que vive, cruel y vivamente atado a su mensaje, desesperadamente unido a seres distantes y muertos, distantes y no nacidos, a otros.


fg.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

mmmm complicadisimo...

4:41 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

muy bueno, un atarse al camino y no a la meta, siempre al camino. Atado a su mensaje... contantemente. Al jugar, cualqueira sea el pasatiempos, se juega con lo que se ama. entregarse, no existe nada mas, solo queda el juego, desaparecer. Miedo, placer, orgullo, asombro, euforia y deseo de probar una y otra vez. Vivir.

11:01 a. m.  

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